La política de lo comunal. Previa de una mirada libertaria.

01.07.2015 22:46

 

 

La política de lo comunal. Previa de una mirada libertaria.

 

Entre los parajes que la burocracia deja abiertos al dialogo podemos encontrar las miradas honestas de una desfuncionalidad regularizada. Entender que tu espacio esta en el presente permite generar situaciones donde el protocolo queda relegado a la mínima función. Es en ese preciso instante cuando el entendimiento, la responsabilidad, y por tanto, el encuentro como acto revolucionario, creativo y universal hablan de la "no necesidad", del "no tener que", si no más bien del permitir a cada persona ser, creando así una atmósfera desenmascarada de todo un conjunto de criterios, clasificaciones que identifican de la manera más limitada a cada ser humano.

 

Por tanto, desenmascarar es desclasificar, es desidentificar, es permitir que cada ser tenga la posibilidad de ponerse sus propios límites, y hacerse cargo de ellos, entender las consecuencias de cada uno de ellos.

 

El límite es por tanto, la capacidad cognitiva de crear relaciones morales entre tus acciones y sus consecuencias.

 

La ley social en este caso trata de comprender el mayor abanico de proposiciones morales que permiten la diversidad de cada ser, generando de esta manera un espacio social libre de predisposiciones, presuposiciones o cualquier previo predeterminado.

 

Es pues que la sorpresa, el secreto, pasaría a ser el conocimiento, que alimenta el desarrollo de unas relaciones sociales fuera de los espacios de dominación, represión o jerarquizados, se tratan pues de espacios dinámicos que permitan una socialización común, capaz de romper con la dicotomía sociedad-persona. El otro pasa a ser entendido como ese acto de solidaridad, de apoyo mutuo que permite la práctica de tus posiciones coherentes.

 

La coherencia, se convierte en la creación de un campo mórfico ( energético) donde cada suceso es creado por todo aquello que rodea lo que se habita, es comprendido y aceptado por medio de la ley social.

 

No existe pues la posibilidad de una desconexión entre lo pensado y lo sentido, lo imaginado y lo real, lo moral y lo práctico. Todo queda relacionado bajo ese estado de coherencia moral.

 

Y cada paso permite analizar la "no neutralidad" de nuestras acciones, entendiendo entonces que la responsabilidad pasa a ser el paso previo a cada decisión tomada.

 

La responsabilidad es el proceso de aprendizaje sobre como integrar ese estado de coherencia moral en nuestra cotidianidad.

 

Una vez integrado, ese espacio mórfico se ve reforzado por cada acto práctico que permite aceptarse a uno mismo como un todo.

 

El todo es el conjunto de situaciones sociales que permiten el desarrollo de tus espacios vitales, el todo genera movimiento.

 

Se trata pues de todo un sin fin de metáforas colectivas que sintiendo esa conexión armoniosa generan la capacidad de crear nuevas formas de relacionarse que permitan explorar en su profundidad la capacidad de amar de cada ser humano.

 

Una libertad basada en la manera en la que cada persona entiende al otro, basada en la posibilidad de que tanto la diferencia como la igualdad formen parte de una misma estructura social sin la necesidad de identificarse con ninguna de esas posibilidades.

En definitiva, los actos históricos que han promovido y defendido una cierta manera de entender la relaciones humanas, se ven afectadas a cada instante por los cambios morales que las personas permiten sobre sí mismas.

 

Un estado en el que esos cambios morales quedan desinstitucionalizados crearán en si mismos unas relaciones autónomas, creativas y armónicas que de por si no permitirían, sin rechazar, la aparición de relaciones de poder dominantes.

 

Una sociedad libre sería aquella que sus propios límites no permiten la aparición de espacios de represión o dominación, no se trata pues de situarse en su contra, si no que la propia dinámica social, ley social, no permite que dichas situaciones puedan darse.

 

Todo esto convierte al control en un acto improvisado, caótico, que permite la sorpresa, la mirada infantil y el agradecimiento.

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